• 4 razones por las que deberías ir a un campamento científico

    ¡Ir a un campamento científico es una muy buena idea! Si no, pregúntale a los 40 jóvenes que participaron de nuestro campamento Bayer Kimlu 2017.

    Fórmulas, números, compuestos, experimentos. Los ramos de ciencia suelen ser los más “cabezones” del colegio, los con peores notas y los que solo un selecto grupo se destaca. Pero, ¿qué pasa cuando estas materias se enseñan de un modo alternativo?

    Según la Asociación Americana de Campamentos, los programas STEM (sigla en inglés para Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) de los campamentos de verano han sido de las novedades más populares en estas iniciativas y las inscripciones han ido en aumento durante los últimos cinco años.

    A continuación te contamos por qué deberías asistir a los campamentos de estas materias.

    Están hechos para entretenerse

    En el Campamento Laurel, de Augusta, Estados Unidos, no hay tareas, ni lecturas, ni fechas de entrega, ni exámenes. Y el lema de “participa como quieras” permite que los jóvenes escojan las áreas de su interés y los resultados indican que desarrollan una pasión con respecto a esa área e incluso vuelven varias veces a participar. Los ayudantes están para recomendar a los campers a enfocarse en el área que más les interese.

    Además, las actividades están hechas para pasarlo bien. Entonces, es una experiencia completamente distinta cuando se trabaja en estas áreas que usualmente no son entretenidas en los colegios. Esto se ve en la mezcla saludable de actividades. Mientras en el colegio los niños van de un ramo teórico a otro, en los campamentos de verano se pasa al menos la mitad del día en el exterior haciendo actividades en agua u otros deportes. También hay horas de descanso para que se puedan recargar de energía antes de volver a las actividades.

    Pese a que los programas de STEM no pretenden reemplazar los contenidos que se ven en el colegio, muchas veces resultan ser inspiración en futuros profesionales al motivarlos a ver desde otro punto de vista estas materias “duras”.

    Podrías ser en un genio de corta edad

    Jack Andraka es un joven científico de 20 años que ya ha sido premiado por comunidades científicas e investiga curas para el cáncer de forma amateur aún. En una entrevista en el programa 60 Minutos en 2014, sus padres comentaron que desde los 3 años era fanático de hacer experimentos relacionados a la ciencia y por ello decidieron mantenerlo motivado, entre otras cosas, enviándolo a campamentos científicos.

    Andraka comenta que “puedes ser un genio, pero si no tienes la creatividad para hacer uso del conocimiento, entonces tienes un montón de conocimiento y nada más”.

    Para él, el sistema educacional de los campamentos mezcla inteligencia y creatividad. ¿Cómo puedes tú como papá ir más allá del sistema para apoyar la creatividad de tu hijo? Los campamentos de verano de ciencia y tecnología juntan a jóvenes talentosos de Estados Unidos para jugar y aprender juntos en un programa único. Estos campamentos educan, pero fuera de la estructura rígida de una sala de clases y alientan a probar, fallar y experimentar para forjar el futuro —no tan lejano— de estos líderes en ciencia y tecnología.

    Quizás encuentres tu camino

    El estudio “¿Qué ganan los estudiantes de una semana en un campamento de ciencia? Percepciones de la juventud y el diseño de un campamento de astronomía orientado a la investigación”, publicado en el International Journal of Science Education, concluye que todas las visiones del futuro de los estudiantes están relacionadas al campamento.

    Tras entrevistar a jóvenes que fueron parte de una de estas experiencias, todos ellos, en distintas maneras, relacionan sus proyectos a lo aprendido y esto, según el estudio, tiene que ver con la formación de identidad que facilita este tipo de espacios.

    Por ejemplo, una estudiante comentó que su motivación fue tal, que buscará oportunidades de investigación en la Universidad y hará un PhD. Mientras que otra, afirmó haber tenido un ramo de astronomía que la hizo odiar la ciencia, pero esto se revirtió con su experiencia en el campamento. Ahora incluso domina más el tema y se siente más preparada que nunca para ser astronauta.

    Por otra parte, hay quienes aplicarán lo aprendido como hobbies. Es el caso de Kevin, que quiere ser cirujano y al mismo tiempo mostrar sus habilidades con el telescopio a su papá, un astrónomo amateur.

    Te harás muy buenos amigos

    En Ciencia Joven contamos con el Campamento Científico Bayer Kimlu que favorece el desarrollo de habilidades científicas y liderazgo en adolescentes de Latinoamérica entre 14 y 18 años. Los participantes suelen destacar la importancia del área social tras esta experiencia.

    Hugo Labrín participó en el primer campamento que se desarrolló en Viña del Mar el 2012. Actualmente estudia medicina en Temuco y, para él, lo más destacable de la experiencia es el grupo humano que se llega a conocer, que genera una mayor atracción hacia la ciencia.

    “Participar del primer campamento Kimlu en 2012 me abrió los ojos y la mente para un nuevo mundo. La oportunidad de conocer a personas de mi generación de todo el país que vibran por hacer ciencia ha sido hasta hoy una de las más grandes motivaciones que he tenido para seguir en el área científica y de salud”, comenta.

    Por su parte, Julia Casares es de Buenos Aires, Argentina y asistió en la versión 2016 que se llevó a cabo en Chiloé. La joven también indica que conoció más del mundo de la investigación y que esto se da gracias al ambiente que se genera en Kimlu.

    “Pienso que más que nada del campamento me llevé personas increíbles que ahora son mis amigos, más seguridad en todo lo social, motivación y otra perspectiva con respecto al estudio. Esto último me parece muy importante porque de alguna forma marca tu vida, es decir, tener claro que tu carrera o profesión te tiene que apasionar.”

  • Jovenes en ciencia

    6 jóvenes con 26 años o menos, que se destacaron en ciencias el 2016

    Desde avances en el ámbito de la salud, pasando por las matemáticas, hasta llegar a entender mejor el espacio. Aquí te contamos qué han hecho estos personajes para ser reconocidos en su área pese a su corta edad, según un ránking elaborado por la revista Forbes.

    Por Rodolfo Westhoff

    Dicen que nunca es tarde para aprender, pero en este caso, pareciera que nunca es lo suficientemente temprano tampoco. Muchas veces pensamos que nuestros logros llegarán en varios años o décadas después, pero a veces nuestro momento puede ser ahora. Y hay ejemplos para eso.

    A principios de este año, la revista Forbes lanzó un ranking con 30 personas menores de 30 años que obtuvieron logros considerables en el ámbito de la ciencia durante el 2016. Y como nos encanta la ciencia, sobre todo cuando viene o está pensada por jóvenes, decidimos ver en qué están los exponentes más joviales de la lista.

    Así que a continuación te mostramos seis casos de personas con 26 años o menos que te demostrarán que se puede hacer ciencia con menos de 27 primaveras encima. Y ojo que nuestra selección se basa en que decidimos enfocarnos en los personajes más jóvenes del listado.

    Michelle Kunimoto (23)

    Solo tiene 23 años, es de Vancouver, Canadá, es la más joven de la lista y ya ha descubierto cuatro planetas que podrían llegar a ser habitables. Esto lo hizo gracias a la información recopilada por el telescopio Kepler y a sus estudios de astronomía. ¿Mencionamos también que es candidata a un magíster en Ciencias?

    Como si fuera poco, también recopiló información clave para entender en qué consisten los cuásares hiperlumínicos.

    John Urschel (25)

    No todos los días te encuentras con un jugador profesional de fútbol Americano, que de paso es considerado como un genio de las matemáticas. Pero existe y ese es el caso de John Urschel, quien a sus 25 años ya ha publicado seis papers matemáticos y se encuentra a la espera de que otros tres más sean revisados.

    Recién el año pasado se transformó en un candidato a obtener un doctorado en su área en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y ha ganado un montón de premios académicos por sus logros en el campo de las matemáticas.

    Brandon Carpenter (25)

    ¿Te imaginas cómo sería cofundar una empresa que se dedica a crear sensores nanométricos funcionales? Si no, puedes preguntarle a Brandon Carpenter. A sus 25 años ya puede jactarse de este logro, que no es menor si consideramos que estos dispositivos son capaces de limpiarse solos, prevenir que se congelen, ser antibacterianos y hasta pueden detectar cáncer, deficiencias inmunológicas y hacer un recuento de células sanguíneas.

    Tiene 25 años, es de Orlando y estudió Ciencias en el Seminole State College of Florida. Y otro dato interesante: mientras que estos sensores tradicionales pueden costar más de US$ 1.000 y se demoran horas o días en ensamblarse, los productos de Brandon pueden estar listos en solo segundos y cuestan un dólar o menos.

    Arun Sharma (26)

    Tiene 26 años, es de Boston, estudió en la escuela de medicina de Harvard y ya trabaja como investigador en el Center for the Advancement of Science in Space, una entidad pública de Estados Unidos dedicada a trabajar en el desarrollo de innovaciones para maximizar las capacidades humanas en el espacio.

    En el 2016 participó en una investigación sobre los efectos de la microgravedad en las células madres y actualmente se encuentra trabajando en Harvard para conocer más acerca de la biología cardiovascular (sobre todo cuando está sometida a las condiciones del espacio).

    Phiala Shanahan (26)

    No es necesario ser un veterano de las ciencias para dar con descubrimientos importantes. Por ejemplo, Phiala ya puede decir que a sus 26 años ha contribuido a entender la existencia de la materia oscura y el Modelo Estándar de las partículas. Todo esto, gracias a sus investigaciones sobre la física de los núcleos atómicos.

    Y a pesar de tener menos de 27 primaveras, tiene un currículum que cualquiera se querría: doctora en Física de la Universidad de Adelaide, graduada de física computacional, premio a la Excelencia en Investigación de la South Australian University y obtuvo una medalla dorada por la mejor investigación de doctorado en física de Australia. Ufff.

    Michelle Atallah (26)

    Es candidata a un doctorado en el programa de biología del cáncer en la Universidad de Standford. En su investigación, Michelle se encuentra diseñando algoritmos que permitan identificar mecanismos que permitan a los inmunosupresores atacar directamente a un tumor.

    Además, con solo 26 años, está recolectando información sobre células inmunitarias dentro de tumores, para idear formas de aplicar de mejor manera las intervenciones terapéuticas para combatirlos. Todo esto, gracias a una tecnología llamada Multiplexed Ion Beam Imaging (que permite analizar a más de 100 células simultáneamente).

    No hay edad para la ciencia

    Con todo, la experiencia de estos seis jóvenes nos demuestra que nunca se es tan joven como para poder ser un aporte en el mundo de la ciencia. Es por eso que en Fundación Ciencia Joven trabajamos para acercar este mundo a más personas. Aunque no solo nosotros: también existen otras iniciativas dedicadas a eso, como el Premio L´Oréal Chile – UNESCO For Women In Science.

    Quién sabe, quizás en un par de años más tengamos a un super científico chileno que aún no cumpla los 25 años y haya hecho una contribución a la ciencia a nivel mundial (aunque ya tenemos a un niño de siete años que descubrió al “Chilesaurio diegosuarezi”, nombrado así en honor a Diego Suárez, el pequeño que hizo logró ese hallazgo).

  • Buena-Vista-Social-Club_imagelarge

    Lesionados por la música

    La de músico es una profesión sufrida por muchos motivos, entre otros, el dolor físico. Tres de cada cuatro músicos han padecido lesiones por su trabajo, que en muchos casos les impiden seguir tocando. Sin embargo, el tema es todavía un tabú y los intérpretes reciben poca atención asistencial. Médicos y fisioterapeutas especialistas en este tipo de casos luchan para conseguir el reconocimiento que se le ha concedido a la medicina del deporte.

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