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#DesafíoSTEM: Enseñar ciencia en la universidad ¿A qué nos enfrentamos?

Los desafíos en relación con la enseñanza de las ciencias en la universidad podrían ser pensados en términos del alumnado que elige carreras científicas, cómo llegó a esa elección, cuáles son los condicionantes sociales que influyen en esa elección y cuáles son los que lo alejan de la ciencia y, una vez en la universidad, qué variables pueden influir en su permanencia o deserción.

Por Elsa Meinardi / Ilustracion Rodrigo Avilés

Uno de los grandes retos, en relación a los y las estudiantes que han decidido seguir una formación en ciencias es que estos estudiantes no deserten. Y para lograrlo, puede ser interesante analizar cuáles son las expectativas con las que llega y la distancia respecto de cuál es la realidad con la que se encuentra.

Muchas veces, cuando participamos de encuentros que se hacen con estudiantes de la escuela media o secundaria, con el fin de motivarlos para que elijan carreras científicas, nos encontramos con actividades muy vistosas, impactantes, coloridas, pero, hay que admitirlo, que tienen poco que ver con lo que significa estudiar ciencias y trabajar en investigación científica.

La investigación científica podría ser pensada como el trabajo de un detective que se enfrenta a un problema, tiene algunos pocos indicios sobre el caso, y trata de descubrir cómo es que algo ocurre. Hay un enigma, una pregunta por resolver. Esto puede llegar a ser tan fascinante que muchas veces los investigadores e investigadoras nos obsesionamos con el problema y estamos todo el tiempo pensando en él, dándole vueltas, planteándonos hipótesis sobre cómo será su solución, mirando el mundo como si fuéramos a encontrar alguna respuesta posible. Esta forma de encarar un trabajo requiere una dedicación sistemática, rigurosa, ordenada y, sobre todo, comprometida. Sin embargo, cuando damos una imagen ingenua de cómo se hace ciencia, cuando mostramos que hacer ciencia es hacer “explotar cosas” o mezclar líquidos de colores, puede ocurrir una desilusión al comenzar la formación universitaria, una frustración que nos lleve a abandonar los estudios.

Además, muchas veces se muestra en la televisión y otros medios de comunicación que los investigadores e investigadoras son personas con una vida social muy pobre, inadaptados socialmente, alejados de la realidad, que se relacionan poco o mal con el mundo, entre otras imágenes deformadas del científico. Por eso resultan tan interesantes e importantes todos los aportes que se puedan hacer, como los que realizan con este espacio de “ciencia joven”, para mostrar historias reales que se apartan completamente de esa mirada estereotipada de “científico loco”. Cómo atraer a los y las jóvenes a estudios científicos cuando se los muestra como “perdedores” sociales, por un lado, y por otro, no se enfatiza lo suficiente el aporte y la importancia que tiene la investigación científica para la sociedad.
En relación con la docencia en el sistema universitario, solemos considerar que el alumnado ya está lo suficientemente motivado porque ha elegido su formación de manera vocacional, y que es lo bastante adulto como para que no tengamos que implementar estrategias didácticas en las clases para que aprenda o para motivarlo. Sin embargo, sabemos que entre los que logran acceder al sistema de educación superior la deserción en los primeros años es muy grande, llegando en algunos casos a ser del 50% del total de los que ingresaron. De alguna manera, puede estar dándose una lógica selectiva en los primeros años de la universidad, una lógica dentro de la cual se espera que permanezcan aquellos que “verdaderamente” están interesados o sean más capaces. Podría ser que atendiendo a las necesidades específicas de ese alumnado que acaba de salir de la escuela media, adolescente aún, podríamos instalarnos en un lugar de formación, más que de selección o expulsión.

El profesorado de nivel universitario pocas veces percibe que los que se reciben, los que terminan las carreras, son la muestra del éxito de un sistema educativo que experimentamos en nuestra propia biografía escolar y que reproducimos como docentes, al mismo tiempo que no percibimos a aquellos que fracasan. Somos la muestra de lo que consideramos un sistema educativo exitoso, e ignoramos los números del fracaso.

Para los docentes de nivel universitario cobra mucho peso su biografía escolar al pensar acerca de la forma de dar clase; sus modelos son los que vivió como alumno. Hay que tener en cuenta que el docente universitario muchas veces aprende la profesión docente por imitación. Puede ocurrir que no cuente con ninguna formación didáctica apropiada para la docencia en este nivel educativo, más que su propia experiencia como estudiante. Y también es común que no se habiliten espacios en las instituciones universitarias para la discusión de los problemas con los que se encuentran los docentes en sus clases: falta de participación de los estudiantes, escasa disposición a leer la bibliografía, dificultades en la comprensión de un tema o en el uso de modelos científicos para justificar sus afirmaciones a la hora de responder en un examen, entre otras.

En muchos ámbitos aparece como un lema: “la investigación es importante”, pero fuera del sistema científico pocas personas podrían explicar por qué. Al mismo tiempo, si bien los que participamos de los sistemas científicos de nuestros países sabemos con claridad la contribución que realiza la investigación a la construcción de nuestras sociedades como estados capaces de crecer y desarrollarse, pocas veces estos temas de política científica forman parte de las discusiones en la formación en investigación. En muchas carreras no dedicamos suficiente tiempo a tratar temas como políticas científicas, importancia de la investigación en el desarrollo de nuestras sociedades, recursos que cada país destina a la educación, entre otros.

El conocimiento científico implica un esfuerzo intelectual importante, porque puede llegar a ser contraintuitivo comprender que “si hubiera vacío las cosas caerían con igual velocidad, independientemente de su peso”, ya que todo el tiempo vemos que ocurre lo contrario. Una vez que vemos cómo funcionan las cosas con las lentes de la ciencia, es difícil volver atrás, pero puede implicar romper con nuestras certezas, ponerse en estado de alerta frente a explicaciones simplistas, del sentido común, perder la ingenuidad en algún sentido, pero al mismo tiempo volver a maravillarnos cuando vemos su hermosa complejidad.

Creo que el mayor reto es transmitir una idea de construcción de conocimiento científico más próxima a la realidad, mostrar el desafío que puede representar tener una buena pregunta para responder, un enigma por resolver, y la importancia que tiene este trabajo para el desarrollo de las sociedades.

La educación en ciencias es democratizadora, y tiene que ser útil.

Cita: Universidad de Buenos Aires

Elsa Meinardi

Doctora en Biología (UBA) y Diploma Superior en Ciencias Sociales con Mención en Constructivismo y Educación (FLACSO). Profesora Investigadora de Didáctica en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN), Universidad de Buenos Aires. Autora de numerosos trabajos sobre didáctica y formación del profesorado.

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