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Dime cómo te enseñaron y te diré cómo enseñarás

Es evidente que la forma en que se enseña a un estudiante en su escuela y luego cuando ingresa a la universidad a estudiar pedagogía se continúa con un método más o menos similar haciendo que el profesor replique una y otra vez esa metodología, aún cuando les enseñaron varias didácticas pero todas en forma teórica.

COLUMNA POR VIOLETA ARANCIBIA, P. UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

Hay muchos estudios e investigaciones que señalan con claridad cómo enseñar la ciencia a los niños y niñas. Por ejemplo, a través del método de la indagación o métodos inductivos. Pero el profesor nunca aprendió así, de esa forma en que lo dejaran explorar, preguntar, observar, etc.

Los profesores “explican la ciencia”, no la experimentan con ellos, y algunas veces muestran un experimento como demostración. No han vivido lo que es la indagación, entonces por mas deseo que tengan de hacerlo bien, se pondrán ansiosos porque no saben cuánto tiempo y “tempo” se requiere para que los estudiantes miren, observen, registren, escriban y compartan lo que han aprendido. Así el profesor tenderá a dar respuestas “correctas” en vez de esperar que los niños las encuentren.

Chile necesita un desarrollo científico importante si queremos tener una economía que no dependa solo del cobre. Chile necesita que se invierta en desarrollo científico con buenos laboratorios y apoyo a la investigación científica de alto nivel. Pero a nada de eso podremos aspirar si no tenemos un semillero de jóvenes apasionados por la ciencia. Y ese semillero se forma en las escuelas, incluso desde los preescolares, por lo tanto la figura del profesor es clave para dar este salto en la formación de capacidades.

La fuente principal de las deficiencias de los profesores está en la formación que han recibido en las instituciones de educación superior donde han estudiado. Los resultados de la última Evaluación INICIA (test que se aplica a los egresados de pedagogía) mostró resultados insatisfactorios en los conocimientos tanto de los profesores de enseñanza básica como de enseñanza media. Las universidades ya han sido notificadas y esperamos una profunda transformación en la formación de los profesores. Pero esto tomará un tiempo. Mientras tanto hay algunas cosas que se pueden hacer para no seguir perdiendo generaciones de niños y niñas que no han sido invitados a la magia y la aventura de ser científicos.

Obviamente hay que hacer capacitación a los profesores pero no pueden ser las capacitaciones típicas teóricas alejadas de la realidad de los estudiantes, tediosas y finalmente sin impacto. Mi sugerencia es que los científicos – aquellos que sienten pasión por el conocimiento -formen a los profesores de ciencia en talleres de ciencia, no en talleres de cómo enseñar ciencia, sino que en pasantías, en laboratorios, en camping, en cualquier experiencia en que el profesor sea el centro de la actividad. Uno sólo puede enseñar lo que sabe hacer.

HANDS ON 

La importancia del trabajo en equipo y escribir bien lo que se observa porque es información para otros, compromete la expectativa de un cambio y la ansiedad de los desconocido, que no es más que el poder de los experimentos; el significado de la ciencia en la vida diaria.

Lo mejor en educación es cuando el profesor siente una profunda pasión por lo que enseña. Esto es más habitual que se de en profesores que tienen una formación científica, como biólogos, matemáticos, químicos y físicos y eso es porque estos profesores han sido formados en el rigor del método científico y eso es lo que necesitan los estudiantes: Un profesor que sea capaz de hacerles preguntas interesantes pero que no las responde, sino que acompaña a los alumnos a encontrar sus respuestas a través de un experimento o buscando otras evidencias.

Lo mágico de la ciencia es que cualquiera puede vivir el milagro de descubrir, de darse cuenta que a partir de una forma de mezclar los ingredientes aparece algo nuevo. Recuerdo a estudiantes de 11 años fascinados en un curso de química de los colores. Recuerdo un experimento que nos hacían hacer en el colegio y que hasta hoy se repite: Sólo se necesitaba colocar unas lentejas o unos porotos en un algodón húmedo y esperar y observar hasta que de pronto frente a nuestros ojos comenzaba a desarrollarse una plantita. ¡Magia! ¡Fascinación! ¡Aprendizaje!

En este ejercicio tan simple y tan hermoso se puede enseñar tanto a los niños:

  1. Que ellos pueden ser científicos, porque eso es la ciencia, crear nuevas realidades.
  2. Que no necesitan un gran laboratorio: que con elementos simples y cotidianos pueden desarrollar fenómenos increíbles.
  3. Al ser rigurosos, el profesor les puede enseñar como construir una hoja de observación diaria donde se anote exactamente lo que se ve día tras día.
  4. También el profesor puede pedir que traigan su observación a clases y la discutan con sus compañeros.
  5. El concepto de tiempo y espera en la ciencia.

 

Recuerdo un profesor de biología que llevaba a los estudiantes al Mercado Central para que observaran distintos mariscos y luego hicieran una clasificación. Con ello el profesor desarrollaba habilidades cognitivas en el niño como por ejemplo el aprender a clasificar, a jerarquizar, etc.

Chile necesita que se le enseñe bien la ciencia a los niños y los jóvenes, que le pongan pasión, entrega y compromiso. Necesitamos científicos- hombres y mujeres- muchos científicos para que puedan crear, inventar, desarrollar y descubrir. En la búsqueda de las claves de una educación de calidad, el profesor emerge como la variable más importante para su logro y también para su no logro.

Publicado en Revista Ciencia Joven Nº3 Especial Educación Científica. Noviembre 2014

Violeta Arancibia

Psicóloga Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC). Ph.D., University of Wales. Profesora Titular Escuela de Psicología PUC. Ex directora Centro de Estudios y Desarrollo de Talentos PENTA UC y ex directora del Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas (CPEIP) del Ministerio de Educación

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