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Fundación Más Ciencia: “Es necesario hablar sobre un futuro Ministerio de Ciencia y Tecnología”

¿Cómo conseguir una mayor justicia social a través de la ciencia? Esta pregunta tratan de responder cada día cuatro jóvenes chilenos Carola Muñoz, Carlos Blondel, Tomás Norambuena, Katia Soto, fundadores y miembros del directorio de la Fundación Más Ciencia.

Hace tres años, estos mismos “emprendedores sociales” iniciaron junto al visionario Pablo Astudillo un movimiento ciudadano para construir juntos un país en el que la ciencia tomara más relevancia. En la actualidad el movimiento ya cuenta con alrededor de 3.800 adherentes, ha tomado forma hasta constituirse una fundación y sus desafíos para los próximos años pasan por seguir trabajando en iniciativas que promuevan el desarrollo científico y establecer un Observatorio, que provea de estudios y estadísticas sobre la ciencia nacional y que sea un aporte en la elaboración de políticas públicas.

Por: Laura de las Heras & Oscar Contreras-Villarroel, RCJ / Fotografía: Gian Franco Costa


 

Desde que se conformó el movimiento ciudadano, ¿han conseguido efectivamente un Chile con más ciencia? ¿Cuáles han sido sus hitos?

Desde que partimos en 2010 hemos querido generar una discusión en torno a la Ciencia y la Tecnología y trasladarla a la ciudadanía. Creemos que el gran logro obtenido es que abrimos este debate a través de un activismo en redes sociales y sitios web. Logramos que se hablara de estos temas, no solamente los científicos y los académicos, sino que también la ciudadanía fuera parte en la discusión.

¿Cuál ha sido la respuesta de la población respecto a su labor? ¿Y la de organismos públicos o gobernantes?

Resulta complejo dar una respuesta respecto al impacto que hemos generado en la ciudadanía más allá de saber el número de personas que ha firmado nuestro petitorio. Creemos que el desafío actual es llegar más a la población a través de actividades de divulgación y conseguir que pidan “más ciencia”.  A su vez es necesario matizar que los científicos forman parte de lo que denominamos ciudadanía y que no siempre están cerca de los temas ligados a la política científica. En este sentido, otro de los éxitos ha sido conformar un canal de comunicación hacia las autoridades, donde como científicos y cómo ciudadanos, tenemos un nicho en el que expresar nuestra opinión respecto al problema de la Ciencia en Chile. Y uno de los problemas que queremos reclamar es que, hoy día que hay más recursos para invertir en Ciencia y Tecnología, consideramos vital participar junto con el gobierno en la toma de decisiones sobre lo que resulta primordial financiar y definir bien qué es innovación.

Ya podemos decir que estamos teniendo un impacto en los políticos. Por ejemplo, nos llaman de los comandos presidenciales para pedirnos nuestra opinión, nuestros documentos o estudios, porque ellos utilizan estos datos como referencia. Ahí estaría el éxito y un impacto real de lo que hemos estado haciendo.

Atendiendo esta llegada a la clase política, su principal relación se ha dado con el Congreso, ¿lo consideran estratégico para tratar de influir con sus propuestas más a largo plazo?

Tratar de influir en el nivel de gobierno es muy difícil. Los gobiernos tienen un plan de 4 años y se mueven poco de este esquema. Si bien el Congreso se nos apareció como un lugar en el que podíamos discutir. Vinimos a tocar la puerta de la Comisión de Ciencia y Tecnología para ver qué pasaba. Como  anécdota, buscamos la sala de esta comisión y no había, resulta que piden una prestada cada vez que lo necesitan. Sin embargo pudimos ver la sala para la Comisión de Deporte… ¡enorme, con secretaria! Pensamos que tampoco allí era importante la Ciencia y la Tecnología.

Pero un día nos dieron cita para hablar en un pleno parlamentario. Al principio nos hicieron poco caso, estaban cada uno con sus celulares, mirando papeles. Pero, de repente, todos nos escuchaban… Debimos decir algo relacionado con el movimiento ciudadano, que teníamos 3.000 adherentes. Finalmente se  aceptó la propuesta para realización de una jornada temática que llevó por nombre “Hacia una institucionalidad pública para el desarrollo de las ciencia en Chile”. Fue una buena entrada porque como movimiento ciudadano ahora la relación es directa con la institución.

¿Tienen proyecciones de poder colaborar con el gobierno siguiente ya que todavía hay margen de acción? ¿Qué iniciativas están ideando para este año clave?

Nosotros hemos lanzado una plataforma virtual llamada “Debate Ciencia 2013” para que la gente pueda ver qué políticos tienen propuestas sobre Ciencia y Tecnología, quiénes no tienen, y poder compararlas. Se trata de un lugar donde la información está a la mano, accesible, y donde los usuarios pueden interactuar y opinar.

Esto es importante porque muchas veces se ha criticado que el actual gobierno y anteriores han tenido propuestas respecto a Ciencia y Tecnología, que incluso habían reclutado a premios nacionales para elaborar los planes, pero terminaron en un cajón. No hubo voluntad. Ahora si alguien hace una propuesta la vamos a tener presente, porque existe mucha gente interesada en que estas ideas se den.

¿Qué les llevó a pasar de ser un movimiento ciudadano a convertirse en una fundación?

Surgió la necesidad de formalizar esta agrupación. Nuestro objetivo es establecernos como un observatorio en política relacionada con la Ciencia y la Tecnología, y la figura de la fundación es la que más acorde va a esta misión que queremos prolongar en el tiempo. Hemos conformado un pequeño directorio, pero el movimiento ciudadano continúa, con horizontalidad, en regiones, y con una parte de voluntariado muy importante.

Equipo de Fundación Más Ciencia en el Salón Plenario del Congreso Nacional, sede Santiago / Fotografía: Gian Franco Costa © Fundación Ciencia Joven

Equipo de Fundación Más Ciencia en el Salón Plenario del Congreso Nacional, sede Santiago / Fotografía: Gian Franco Costa
© Fundación Ciencia Joven

¿Cómo les va a repercutir esta decisión?

Mediante este paso vamos a poder lograr mayores resultados. Podremos postular a fondos y que no dependa de nuestras aportaciones personales, pues han sido tres años en que hemos sostenido todo con nuestro bolsillo. Al principio era posible, porque comenzamos con una plataforma web y redes sociales. Obtuvimos buena respuesta con pocos recursos. Ahora, para poder llegar a la ciudadanía que no tiene conexión a internet necesitamos invertir, salir a la calle, viajar, y el financiamiento será clave.

El gobierno catalogó al 2013 como el Año de la Innovación, este tema está en boga. ¿Cuál es el eje innovador que están planteando ustedes?

Hablar sobre política científica no se había dado antes en Chile o solo de manera informal. Nosotros estamos acostumbrados a ser muy propositivos, a intentar cambiar lo que nos molesta, y nos dimos cuenta que era necesario hablar sobre un futuro Ministerio de Ciencia y Tecnología… ¿Por qué no soñar en grande? Por eso la creación del movimiento y la fundación pueden tratarse como un emprendimiento, dimos vida a una empresa de “tipo social” o  “tipo B”.

Otra gran innovación para nosotros ha sido vincularnos con gente de distintas áreas con el objetivo de ser un referente para la sociedad, medios de comunicación, políticos, organizaciones… Y la última innovación responde a la pregunta de cómo nos vamos a relacionar con los demás. La respuesta es estableciendo redes. Para nosotros lo idóneo es trabajar de manera coordinada. Las nuevas empresas que tienen una visión más social tienden a un trabajo colaborativo. Nuestra pregunta a responder: ¿cómo hacer de la ciencia para tener más justicia social? Con el trabajo diario tratamos de responderlo.

¿Cuál creen ustedes que ha sido su mayor dificultad en esta época de tener una empresa social?

No tener RUT. Sacar la personalidad jurídica ha sido una carrera de fondo, de prueba y error. Es un proceso muy poco amigable. Al no tener RUT nos hemos tenido que limitar en muchas postulaciones. Siempre hay muchos peros para todos los innovadores.

En otras ocasiones la gran traba es que no sabíamos cómo hacer las cosas, nos faltaba la información. Y para ello nos ha servido acercarnos a instituciones que han pasado por este proceso legal y organizacional para que nos dieran tips.

¿Cómo miden sus logros o éxitos ya que no se basan en una escala económica?

Mediante un ejercicio anual de resumir todo lo que se ha hecho. Valorar cuáles eran las metas y ver qué se ha logrado cumplir: por ejemplo, cuántas reuniones convocamos, cuántas nos invitaron… También hay que tener en cuenta que las iniciativas efectivamente se concreten, por ejemplo en cuestión de políticas científicas, que los proyectos de ley acaben por ver la luz. En la parte de divulgación se contarán los proyectos en los que nos sumemos y mediremos el impacto cuantificando las regiones y personas a las que llegamos.

Se trata de ver de qué forma nosotros hemos logrado más ciencia. Aunque sabemos que si algún día aparece el Ministerio de Ciencia y Tecnología el titular será que los políticos y científicos destacados han tendido la voluntad de que se cree dicha entidad. Como el Ministro Longueira que nos dedicó una editorial para atacar nuestra idea, que era una aberración, y luego rectificó cuando sus colegas dijeron que era bueno y ya lo resaltó como una excelente oportunidad. Aunque en definitiva no importa, solo queremos que las cosas se den.

¿Qué rol que deberían jugar el emprendimiento y la innovación en ciencia en el país?

El gobierno ha puesto los años, el Año del Emprendimiento, el Año de la Innovación… Pero el concepto es más amplio. Emprendedor puede ser un señor que abre un almacén en un barrio. Innovación puede ser una mejora en un proceso productivo. Nosotros lo que queremos ver es la importancia de la Ciencia y Tecnología en la innovación, porque para nosotros son los insumos principales. Los títulos de los años son un eslogan, no corresponden a ninguna política concreta. El conocimiento tiene que permear hacia las generaciones más jóvenes porque hay que desarrollar esa cultura de la innovación. Se trata de  ganar al mall.

Como fundación nos interesa tener ciudadanos más curiosos. Desafortunadamente, no somos un país en que la gente haga innovación porque no nos formamos con curiosidad, y ahí está nuestro rol que es presionar para que el despertar de curiosidad se haga en los programas del Ministerio de Educación. Así saldrán ciudadanos que querrán resolver problemas. Necesitamos una cultura científico-tecnológica de cara a potenciar la ciencia frontera y que se traduzca en productos y procesos.

¿Qué consejo les darían a los lectores de la revista a la hora de innovar?

Transmitir la importancia de asociarse. Que busquen, aprovechando las redes sociales, a otras personas con curiosidades similares y que sean complementarias en experiencia. En ese asociarse van a nacer productos mucho más potentes. Hay que romper el individualismo propio del país para armar proyectos más grandes. También vencer el miedo a atreverse para cumplir sueños, mejorar las condiciones de vida personales y ser un aporte a la sociedad.

Oscar Contreras-Villarroel

Emprendedor Social - Especializado en educación y comunicación científica. Director Ejecutivo de Fundación Ciencia Joven y Publisher de Revista Ciencia Joven. Miembro de AAAS y Red POP-UNESCO.

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