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¡Hagamos algo!

En el seminario organizado por Fundación Ciencia Joven, llamado “Educación Científica: Desafíos en el año de la innovación”, asistió un público muy interesante, entre ellos mucha gente joven, profesores universitarios, investigadores de “ciencias duras”, profesores y estudiantes de pedagogía. Todos con un deseo en común, que la enseñanza científica sea de mejor calidad e incentivar a los chicos a ser curiosos. Sin embargo, esto suena bastante idílico en momentos en que los estudiantes se vuelcan a la calle exigiendo educación de calidad, donde muchos de ellos piden establecimientos con mejor infraestructura, con baños decentes y muchos liceos técnicos piden computadores, autos, que es lo mínimo que un colegio de este tipo debería tener. ¿Es en ese contexto en que nosotros “los científicos” creemos que debería haber laboratorios en todos los colegios, mejores profesores de ciencias, que en vez de hacerlos memorizar hicieran análisis más críticos? A simple vista suena bastante soberbio; sin embargo, lo que se pide es hacer ciudadanos más críticos, cuestionadores, que sepan fundamentar lo que piensan y defender un resultado. Esto no sólo aportaría a “las ciencias”, sino que es transversal a todos los ámbitos de la educación y de la vida diaria, sobre todo en aquellos colegios en que la educación cívica, ya es sólo un recuerdo.

En uno de los paneles del ya mencionado seminario, se encontraron dos directores de museos, Claudio Gómez del Museo Nacional de Historia Natural y Consuelo Valdés del Museo Interactivo Mirador. Cuando se le preguntó al público quienes habían ido en el último año al Museo Nacional de Historia Natural, muy poca gente levantó la mano, pero todo lo contrario fue el caso del MIM. Creo que a todos, grandes y chicos, el hecho de poder tocar, jugar y aprender conceptos de por qué ocurren las cosas como los terremotos, fenómenos de tensión superficial, torque, etc., nos maravilla de sobremanera, porque despierta nuestra curiosidad y podemos responder nuestras inquietudes en forma lúdica; y para nosotros los adultos, es volver a la infancia, cuando uno quería saber todo y atosigaba a sus papás con los “¿por qué?”. ¿Por qué esa curiosidad se pasa en el tiempo? ¿Por qué en vez de armar los muebles que compramos muchas veces esperamos días a que los vayan a armar?, ¿Por qué no volver a la etapa del “lego”? En mi caso, nunca he perdido esa curiosidad, y por cierto, siempre armo los muebles que compro e incluso algunos amigos me han pedido que le arme los suyos. Tal vez porque en mi laboratorio me acostumbré a ser un poco “maestro chasquilla”, si se echaba a perder un equipo, bueno, había que desarmarlo pues, y soldar los cables de mis electrodos e ir al tornero para explicarle lo que necesitaba, al taller de vidrio a reparar algo e ir a comprar teflón era algo natural. Nos acostumbramos a cuestionar todos los días los resultados que obtenemos en nuestras investigaciones, todos los días volvemos a preguntarnos si nuestras hipótesis son correctas. Nos forman para ser buenos observadores, a tratar los datos con pulcritud y no acomodarlos jamás a nuestros intereses.

Muchos podrían pensar que lo anterior se puede seguir sólo en una investigación, personalmente no creo sea así. Hace años que no trabajo en un laboratorio y sigo aplicando todos los días los mismos conceptos anteriores. Tal vez es por esto, que creo en la tremenda importancia de hacer divulgación en la población en general, no sólo en niños, aunque claro está que son la semilla de cualquier cambio. Este pensamiento no sólo es mío, sino que es compartido por todos quienes pertenecemos a Fundación Más Ciencia. Desde allí hemos tratado de incentivar que la ciencia esté en ámbitos donde muy pocas veces se ha hecho presente, creemos que un país con más ciencia, con valoración a sus científicos, es también es un país más culto y más desarrollado.

Más soberbio aún puede sonar lo anterior, pero la evidencia apunta a ello. En el caso de Chile por años la divulgación de lo que se hace en laboratorios chilenos, sólo lo sabe una elite o quienes trabajamos en algunas áreas donde es necesario saber qué hace el de al lado. ¿Acaso es el país quien debe obligar a los investigadores, que por cierto en su gran mayoría investigan con platas chilenas, a que divulguen lo que hacen? Personalmente nunca he llegado a una respuesta clara en este punto. Sí creo que tenemos una responsabilidad con el país de dar a conocer la excelente investigación que se hace en Chile, pero para ello son los mismos científicos que se deben empoderar de sus temas y atreverse a salir de las 4 paredes de sus laboratorios, oficinas o casas de estudios. Casos emblemáticos en nuestro país es lo que hacen los Institutos Milenios, donde se vinculan con el medio, con empresas, abren sus laboratorios para colegios de sus comunas, hacen charlas en zonas vulnerables, etc. La ciencia y su divulgación se debe “tomar” la ciudad, debe salir de las universidades y de la conversación entre pares, la ciudadanía y la ciencia se debe acercar.

Esta es la importancia del Congreso Futuro que se hace en el Senado por casi tres días y con lleno total (más de 3000 personas asistieron en la última versión): un lugar emblemático abre sus puertas para que científicos de todas las áreas den a conocer las investigaciones que se hacen en el mundo; es así que varios PREMIOS NOBEL han venido a exponer en un lenguaje ameno y coloquial, cuáles son las investigaciones de frontera que se hacen en el orbe. En la próxima versión de este evento, los protagonistas  serán los científicos chilenos, es así que esperamos se junten biólogos que muestrean en condiciones extremas, arqueólogos que nos muestren los últimos hallazgos de nuestro patrimonio cultural, la evolución que hemos tenido en la alimentación, entre otros temas, que esperamos ayuden a que ciudadanía e investigadores se den cuenta que la población sí está ávida de cultura, que los temas científicos si se presentan en un lenguaje cercano, es atractivo y que definitivamente va mucho más allá de aprenderse una tabla periódica de memoria, saberse las partes de la célula o memorizar las fechas de eventos importantes.

Creo  que todos estamos llamados a ayudar a difundir la ciencia, desde donde estemos, podemos contribuir a ello asistiendo a charlas, postulando a proyectos, yendo a colegios, explicándole a los familiares lo que hacemos, haciendo de vez en cuando una clase de observación y análisis científico. Si queremos que Chile avance, en vez de decir “alguien debería hacer algo”, es hora de decir: ¡¡hagamos algo!!

Las opiniones de este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor, y no representan necesariamente la visión de Revista Ciencia Joven, del staff o nuestros socios.

Carola Muñoz

Doctora en Química. Secretaría Ejecutiva del Consejo del Futuro del Senado de Chile.

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