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  • Estas estudiantes chilenas crearon una órtesis que las llevó a Sillicon Valley

    Se trata de un emprendimiento que llevaron a cabo tres alumnas de la Universidad del Desarrollo, quienes provenían de carreras distintas: ingeniería comercial, diseño gráfico y diseño industrial. Ven a ver esta inspiradora historia de estas jóvenes estudiantes.

    Todo partió el año pasado, cuando un grupo de alumnas de la Universidad del Desarrollo conformado por María Ignacia Calaf (de ingeniería comercial), Camila Vivallo (de diseño gráfico) y Bárbara López (de diseño industrial) decidieron formar parte de un programa de titulación alternativo de su universidad.

    Se llama dLab y básicamente consiste en que alumnos de distintas carreras pueden participar en conjunto de un proyecto de título. ¿La misión que les dieron? Un desafío de innovación en el que tuvieron que crear un producto o servicio de alto impacto y a un bajo costo.

    “Comenzamos a investigar diferentes enfermedades y nos dimos cuenta que no habían soluciones para las personas con piel de cristal, por lo que nos llamo la atención y decidimos insertarnos de lleno en la enfermedad”, nos explica Bárbara, una de las integrantes.

    Fue así como empezaron a hacer los contactos hasta llegar a la fundación Debra Chile, en donde conocieron a una serie de pacientes afectados por esta enfermedad. Ahí se dieron cuenta de un gran problema: los pacientes de entre 10 y 20 años con Epidermólisis Bullosa (EB) pierden la dactilia completa de sus manos, lo que los incapacita para realizar actividades como comer, escribir o simplemente cepillarse los dientes.

    Nace “Oliber”

    Después de eso, el análisis que hicieron estaba claro. Tenían que hacer algo para brindarle autonomía a las manos de los pacientes. Y así nació Oliber, una órtesis cuyo nombre viene de liber, que significa libertad en latín. Ahora, para los que se lo preguntan, una órtesis se diferencia de una prótesis, porque la primera facilita la realización de ciertas acciones, mientras que la segunda reemplaza completamente una parte del cuerpo.

    En otras palabras, una órtesis es como una “ayuda”. Y Oliber es capaz de ayudar a las personas a capturar objetos con mayor facilidad, a fijarlos y a soportar hsata un kilo. Estaba pensada inicilamente para pacientes con EB, pero la verdad es que le puede ser útil a cualquiera que posea alguna atrofia en las manos, como piel de cristal, amputados, esclerósis múltiple, secuelas por quemaduras, artritis y artrosis.

    ¿Cómo fue el proceso?

    Bárbara nos cuenta que la creación de Oliber fue una de las experiencias más enriquecedoras que ha vivido. “En un inicio fue complejo ya que me encariñe mucho con los usuarios y no sabía que crear para poder ayudarlos a ser independientes. Luego fui prototipando y testeando con los usuarios hasta lograr un producto simple, económico y de facil uso”, agrega.

    Pero eso no es todo. Esta innovación las hizo ganadoras de un montón de premios como el OpenGate de Corfo, Rain de UDD, la Ideatón (de la Teletón) y se llevaron el premio de plata en Jump Chile, uno de los mayores concursos de emprendimiento a nivel nacional. Y este fue el hecho que lo escaló todo: desde ahí se fueron a participar a Sillicon Valley, en Estados unidos.

    “Ahí nos dimos cuenta que teníamos un gran proyecto entre manos que ha generado gran impacto en las personas”, cuenta Bárbara. Así que fueron a competir a las ligas mayores del epicentro de la innovación mundial y terminaron en el séptimo lugar.

    El impacto de Sillicon Valley

    Según nos cuenta Bárbara, la experiencia de Sillicon Valley fue verdaderamente impactante. “Saber qué se esta haciendo hoy en día a nivel mundial y que hay muchas personas tratando de hacer un mundo mejor, fue increíble”, señala.

    Y pese a que Oliber era un proyecto relativamente simple en comparación con las otras innovaciones más tecnológicas a las que se enfrentaron, este emprendimiento llamó la atención de muchos por allá. “No podían creer como algo tan simple podía generar un gran impacto en las personas que habían perdido su independencia”.

    Con todo, ahora ya están de vuelta, con empresa formada y todo. De hecho, están 100% dedicadas a Oliber, a cubrir el mercado nacional con esta órtesis y a expandirse a lo largo del mundo posteriormente.

  • Los innovadores modelos de educación que ganan popularidad en el mundo

    Niñas en la tecnología, identificación de problemas y soluciones, la felicidad, etc. Esos son algunos de los modelos en los que algunos personajes se han enfocado para entregar nuevos métodos de aprendizaje.  

    Suena la campana, entras a clases. Escuchas al profesor hablar por más de una hora acerca de un tema. Sales 15 minutos a recreo y vuelves a lo mismo, pero tu mente solo está concentrada en salir lo antes posible para jugar fútbol o juntarse con los amigos.

    Cuando se habla de educación, de inmediato se hace una asociación al clásico modelo de colegios o universidades, pero las mentes innovadoras del mundo nos demuestran que no necesariamente debe ser así. En la actualidad, los modelos educacionales alternativos son aplicados en un nivel bastante más transversal del que estamos acostumbrados, y los siguientes casos lo prueban.

    ¿Quién dijo que la tecnología era una rama masculina?

    La ONG estadounidense Iridiscent lidera desde 2010 el programa Technovation Challenge, que agrupa a niñas de todo el mundo entre 10 y 18 años para introducirse en el mundo de la tecnología.

    El modelo consiste en que las niñas interesadas en el programa se integren, identifiquen un problema en sus comunidades, creen una aplicación móvil para enfrentarlo y luego aprendan a comunicar esas ideas y a convertirlas en un negocio.

    Más de 10 mil niñas de 78 países han participado ya en el programa que cuenta con mentores voluntarios. Y uno de esos lugares es Chile. Dos mujeres trajeron la iniciativa al país hace pocos meses y ya tienen su primer proyecto presentado: una aplicación del estilo Waze que hace un mapa de acoso callejero. Aún no se han expandido por el país ni tienen página web, pero esperan hacerlo pronto.

    Aunque también hay otros casos de este tipo en el país, como el de Girls in Tech, una organización dedicada a atraer a las mujeres al mundo de la tecnología, con la idea de transformar al futuro para bien.

    Libre espacio y aprendizaje

    Ya de vuelta en los salones de clases, el Northern Beaches Christian School, es un colegio que se encuentra en un barrio de Sídney y busca que los niños puedan expresarse y aprender libremente.

    ¿Cómo logran esto? A través de enormes salas con paredes de cristal, donde los 100 jóvenes que están en ellas, pueden hacer uso libre del espacio, sin necesidad de estar sentados en sus escritorios, todos en fila, mirando un pizarrón. Incluso, los estudiantes están trabajando en distintos ramos o temáticas, cada uno acorde a sus gustos y capacidades.

    Además, los niños no tienen necesariamente la misma edad ni cursan el mismo año. Pueden haber pequeños de segundo básico mezclados con jóvenes de media, y todo esto es parte del modelo de este establecimiento.

    Uno podría pensar “qué desastre”, pero no. Todo lo contrario. Este especie de desorden atrae al orden y al desarrollo mental. Todos los niños trabajan a gusto en sus tareas o estudios, sin que nadie los tenga que obligar o retar e incluso preguntan a sus compañeros ideas o dudas pese a desarrollar distintas actividades y a ser de edades distintas.

    Aprender para ser feliz

    También inmersos en los colegios aquí en Chile podemos encontrar a los creativos de Actitud Lab, una empresa B que implementa programas específicos para los distintos personajes del área de educación como empresas, estudiantes, profesores, y apoderados.

    Lo que buscan es simple: la felicidad. Pero no como fin último, sino en el proceso del día a día. Y entregan las herramientas necesarias para que los jóvenes finalmente la encuentren.

    Así, realizan charlas motivacionales a apoderados, incitan a los alumnos a participar en proyectos de emprendimiento, refuerzan la vocación de los docentes y detectan y ayudan a desarrollar brechas en las organizaciones. Todo esto, a través de programas con distintos enfoques según el público y objetivo.

    Potenciar la ciencia en Chile

    También en nuestro país tenemos la Academia Ciencia Joven, talleres que realiza Fundación Ciencia Joven para enseñar esta materia en colegios vulnerables. Nuestra metodología consiste en identificar un problema y buscarle una solución a través de la realización de una investigación científica.

    Uno de los proyectos que ha desarrollado la academia, por ejemplo, fue la formación de comunidades científicas con los estudiantes promesas de la Municipalidad de Quilicura.

    Además del Programa de Academias Ciencia Joven, que apoya y guía academias de ciencias para jóvenes de 12 a 18 años, tenemos el Campamento Científico para Jóvenes Bayer Kimlu que favorece el desarrollo de competencias científicas y liderazgo en adolescentes de Latinoamérica entre 14 y 18 años y el Campamento Kimkelen para profesores, en el cual se realizan actividades de liderazgo, debates sobre sistemas educativos e investigaciones científicas en terreno.

  • ¿Un antibiótico made in Chile? Mira lo que crearon estos estudiantes

    Hacer ciencia no siempre es fácil, pero cuando se le pone empeño, se pueden lograr cosas sorprendentes. Si no nos creen, échenle un vistazo a esta historia de un grupo de estudiantes de Talca, quienes estando en segundo medio ya crearon un antibiótico.

    Por Rodolfo Westhoff

    “Literalmente” partieron en un baño haciendo los experimentos. Más precisamente en las duchas del Instituto Andrés Bello de Talca. Aunque con trabajo, esfuerzo, dedicación e investigación, terminaron creando un antibiótico 100% natural hecho a partir de hojas de olivo. Nada mal, ¿no?

    Es por eso que hablamos con Freddy Segura, profesor de los dos alumnos involucrados en el proyecto, Felipe Islas y Luciano Imas, quienes actualmente están cursando segundo medio. ¿Cómo fue el proceso de trabajo? ¿Cómo llegaron a usar hojas de olivo? ¿Qué significa este descubrimiento para la ciencia y cómo ha sido su recibimiento a nivel mundial? Aquí te lo contamos.

    Paso a pasito

    En realidad, esto empezó cuando Felipe y Luciano estaban en séptimo básico, es decir, hace tres años. En medio de las actividades de una academia científica en el que Freddy era el profesor, fue donde comenzó el interés por encontrar propiedades antibacterianas de alguna planta nativa.

    “Y por ahí empezamos a ver las aceitunas, que poseen propiedades antioxidantes. Osea, nada que ver. Hasta que se nos ocurrió buscar en la hoja de olivo, sobre todo porque no hay mucha información o investigaciones que estén tratando de hacer antibióticos a partir de eso”, nos explica Freddy.

    Tras esto, se consiguieron un cepario de bacterias con la Universidad Católica del Maule, con los que fueron probando una serie de antibióticos de uso tradicional, como la penicilina. La idea era tomar el extracto de la hoja y someterlo a pruebas básicas de microbiología. ¿El resultado?

    Después de cultivar las cepas, crearon una colonia de bacterias para probar la efectividad del nuevo antibiótico. Al poner el extracto de la hoja de olivo en la muestra, apareció un círculo alrededor de la bacteria, lo que significó que el crecimiento bacteriano se estaba impidiendo y que el antibiótico funciona como tal.

    Se fue de las manos

    Desde ahí, y como nos cuenta Freddy, la proyección del proyecto “se disparó”. Y cómo no, si gracias a su descubrimiento se ganaron un montón de premios, como el de la Feria científica de Linares, la de Concepción y de la Feria Nacional Juvenil del Museo de Historia Natural. Ahí compitieron con proyectos universitarios y, para más remate, se ganaron un cupo para ir a las Genius Olympiad 2017 en Nueva York.

    Ahí representarán al país y a toda la región, porque serán el único colegio latinoamericano que participe. “Para nosotros esta experiencia está fuera de lo normal porque sobrepasa todas nuestras expectativas. Para ponerlo en perspectiva: partimos trabajando casi en una ducha del colegio. Entonces, empezamos a hacer ciencias sin ningún recurso y ya con el tiempo logramos estos avances. Va en las ganas y la motivación de hacer ciencia”, nos cuenta Freddy.

    La idea es fabricar antibióticos.

    Mientras tanto, los esfuerzos se están centrando en dos aspectos. Por un lado, poder hacer que este proyecto llegue a ser publicado como artículo en alguna revista científica, para lo que necesitan afinar una serie de detalles dentro de la investigación.

    Por otro lado, también están en la etapa de encontrar cuál es la proteína que está en la hoja. Con esto podrían fabricar el famoso antibiótico de una manera química, pero completamente natural. Y ojo, que eso último es un factor muy importante para este equipo de trabajo.

    “Abrimos una línea de investigación que demuestra que se puede trabajar con lo natural”, afirma Freddy.

    Relación con Ciencia Joven

    Este profesor de Talca no es para nada ajeno a la Fundación Ciencia Joven. De hecho, participó en el campamento Kimkelen (fue parte de la primera generación). Y después de todo este tiempo, Freddy sigue creyendo que lo aprendido en esas instancias le sirvieron para ser un mejor profesor en la actualidad.

    “Ahí lo que rescaté fue que aprendí a ser profesor líder en un colegio. Cambié un poco el switch y en eso el área de educación de la fundación fue una muy buena influencia respecto a cómo enseño ciencia”, nos cuenta y agrega que “tengo que agradecerle a la fundación, porque me dio las herramientas para trabajar en metodología de investigación, levantar un proyecto científico, etc.”.

  • 4 razones por las que deberías ir a un campamento científico

    ¡Ir a un campamento científico es una muy buena idea! Si no, pregúntale a los 40 jóvenes que participaron de nuestro campamento Bayer Kimlu 2017.

    Fórmulas, números, compuestos, experimentos. Los ramos de ciencia suelen ser los más “cabezones” del colegio, los con peores notas y los que solo un selecto grupo se destaca. Pero, ¿qué pasa cuando estas materias se enseñan de un modo alternativo?

    Según la Asociación Americana de Campamentos, los programas STEM (sigla en inglés para Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) de los campamentos de verano han sido de las novedades más populares en estas iniciativas y las inscripciones han ido en aumento durante los últimos cinco años.

    A continuación te contamos por qué deberías asistir a los campamentos de estas materias.

    Están hechos para entretenerse

    En el Campamento Laurel, de Augusta, Estados Unidos, no hay tareas, ni lecturas, ni fechas de entrega, ni exámenes. Y el lema de “participa como quieras” permite que los jóvenes escojan las áreas de su interés y los resultados indican que desarrollan una pasión con respecto a esa área e incluso vuelven varias veces a participar. Los ayudantes están para recomendar a los campers a enfocarse en el área que más les interese.

    Además, las actividades están hechas para pasarlo bien. Entonces, es una experiencia completamente distinta cuando se trabaja en estas áreas que usualmente no son entretenidas en los colegios. Esto se ve en la mezcla saludable de actividades. Mientras en el colegio los niños van de un ramo teórico a otro, en los campamentos de verano se pasa al menos la mitad del día en el exterior haciendo actividades en agua u otros deportes. También hay horas de descanso para que se puedan recargar de energía antes de volver a las actividades.

    Pese a que los programas de STEM no pretenden reemplazar los contenidos que se ven en el colegio, muchas veces resultan ser inspiración en futuros profesionales al motivarlos a ver desde otro punto de vista estas materias “duras”.

    Podrías ser en un genio de corta edad

    Jack Andraka es un joven científico de 20 años que ya ha sido premiado por comunidades científicas e investiga curas para el cáncer de forma amateur aún. En una entrevista en el programa 60 Minutos en 2014, sus padres comentaron que desde los 3 años era fanático de hacer experimentos relacionados a la ciencia y por ello decidieron mantenerlo motivado, entre otras cosas, enviándolo a campamentos científicos.

    Andraka comenta que “puedes ser un genio, pero si no tienes la creatividad para hacer uso del conocimiento, entonces tienes un montón de conocimiento y nada más”.

    Para él, el sistema educacional de los campamentos mezcla inteligencia y creatividad. ¿Cómo puedes tú como papá ir más allá del sistema para apoyar la creatividad de tu hijo? Los campamentos de verano de ciencia y tecnología juntan a jóvenes talentosos de Estados Unidos para jugar y aprender juntos en un programa único. Estos campamentos educan, pero fuera de la estructura rígida de una sala de clases y alientan a probar, fallar y experimentar para forjar el futuro —no tan lejano— de estos líderes en ciencia y tecnología.

    Quizás encuentres tu camino

    El estudio “¿Qué ganan los estudiantes de una semana en un campamento de ciencia? Percepciones de la juventud y el diseño de un campamento de astronomía orientado a la investigación”, publicado en el International Journal of Science Education, concluye que todas las visiones del futuro de los estudiantes están relacionadas al campamento.

    Tras entrevistar a jóvenes que fueron parte de una de estas experiencias, todos ellos, en distintas maneras, relacionan sus proyectos a lo aprendido y esto, según el estudio, tiene que ver con la formación de identidad que facilita este tipo de espacios.

    Por ejemplo, una estudiante comentó que su motivación fue tal, que buscará oportunidades de investigación en la Universidad y hará un PhD. Mientras que otra, afirmó haber tenido un ramo de astronomía que la hizo odiar la ciencia, pero esto se revirtió con su experiencia en el campamento. Ahora incluso domina más el tema y se siente más preparada que nunca para ser astronauta.

    Por otra parte, hay quienes aplicarán lo aprendido como hobbies. Es el caso de Kevin, que quiere ser cirujano y al mismo tiempo mostrar sus habilidades con el telescopio a su papá, un astrónomo amateur.

    Te harás muy buenos amigos

    En Ciencia Joven contamos con el Campamento Científico Bayer Kimlu que favorece el desarrollo de habilidades científicas y liderazgo en adolescentes de Latinoamérica entre 14 y 18 años. Los participantes suelen destacar la importancia del área social tras esta experiencia.

    Hugo Labrín participó en el primer campamento que se desarrolló en Viña del Mar el 2012. Actualmente estudia medicina en Temuco y, para él, lo más destacable de la experiencia es el grupo humano que se llega a conocer, que genera una mayor atracción hacia la ciencia.

    “Participar del primer campamento Kimlu en 2012 me abrió los ojos y la mente para un nuevo mundo. La oportunidad de conocer a personas de mi generación de todo el país que vibran por hacer ciencia ha sido hasta hoy una de las más grandes motivaciones que he tenido para seguir en el área científica y de salud”, comenta.

    Por su parte, Julia Casares es de Buenos Aires, Argentina y asistió en la versión 2016 que se llevó a cabo en Chiloé. La joven también indica que conoció más del mundo de la investigación y que esto se da gracias al ambiente que se genera en Kimlu.

    “Pienso que más que nada del campamento me llevé personas increíbles que ahora son mis amigos, más seguridad en todo lo social, motivación y otra perspectiva con respecto al estudio. Esto último me parece muy importante porque de alguna forma marca tu vida, es decir, tener claro que tu carrera o profesión te tiene que apasionar.”

  • Jovenes en ciencia

    6 jóvenes con 26 años o menos, que se destacaron en ciencias el 2016

    Desde avances en el ámbito de la salud, pasando por las matemáticas, hasta llegar a entender mejor el espacio. Aquí te contamos qué han hecho estos personajes para ser reconocidos en su área pese a su corta edad, según un ránking elaborado por la revista Forbes.

    Por Rodolfo Westhoff

    Dicen que nunca es tarde para aprender, pero en este caso, pareciera que nunca es lo suficientemente temprano tampoco. Muchas veces pensamos que nuestros logros llegarán en varios años o décadas después, pero a veces nuestro momento puede ser ahora. Y hay ejemplos para eso.

    A principios de este año, la revista Forbes lanzó un ranking con 30 personas menores de 30 años que obtuvieron logros considerables en el ámbito de la ciencia durante el 2016. Y como nos encanta la ciencia, sobre todo cuando viene o está pensada por jóvenes, decidimos ver en qué están los exponentes más joviales de la lista.

    Así que a continuación te mostramos seis casos de personas con 26 años o menos que te demostrarán que se puede hacer ciencia con menos de 27 primaveras encima. Y ojo que nuestra selección se basa en que decidimos enfocarnos en los personajes más jóvenes del listado.

    Michelle Kunimoto (23)

    Solo tiene 23 años, es de Vancouver, Canadá, es la más joven de la lista y ya ha descubierto cuatro planetas que podrían llegar a ser habitables. Esto lo hizo gracias a la información recopilada por el telescopio Kepler y a sus estudios de astronomía. ¿Mencionamos también que es candidata a un magíster en Ciencias?

    Como si fuera poco, también recopiló información clave para entender en qué consisten los cuásares hiperlumínicos.

    John Urschel (25)

    No todos los días te encuentras con un jugador profesional de fútbol Americano, que de paso es considerado como un genio de las matemáticas. Pero existe y ese es el caso de John Urschel, quien a sus 25 años ya ha publicado seis papers matemáticos y se encuentra a la espera de que otros tres más sean revisados.

    Recién el año pasado se transformó en un candidato a obtener un doctorado en su área en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y ha ganado un montón de premios académicos por sus logros en el campo de las matemáticas.

    Brandon Carpenter (25)

    ¿Te imaginas cómo sería cofundar una empresa que se dedica a crear sensores nanométricos funcionales? Si no, puedes preguntarle a Brandon Carpenter. A sus 25 años ya puede jactarse de este logro, que no es menor si consideramos que estos dispositivos son capaces de limpiarse solos, prevenir que se congelen, ser antibacterianos y hasta pueden detectar cáncer, deficiencias inmunológicas y hacer un recuento de células sanguíneas.

    Tiene 25 años, es de Orlando y estudió Ciencias en el Seminole State College of Florida. Y otro dato interesante: mientras que estos sensores tradicionales pueden costar más de US$ 1.000 y se demoran horas o días en ensamblarse, los productos de Brandon pueden estar listos en solo segundos y cuestan un dólar o menos.

    Arun Sharma (26)

    Tiene 26 años, es de Boston, estudió en la escuela de medicina de Harvard y ya trabaja como investigador en el Center for the Advancement of Science in Space, una entidad pública de Estados Unidos dedicada a trabajar en el desarrollo de innovaciones para maximizar las capacidades humanas en el espacio.

    En el 2016 participó en una investigación sobre los efectos de la microgravedad en las células madres y actualmente se encuentra trabajando en Harvard para conocer más acerca de la biología cardiovascular (sobre todo cuando está sometida a las condiciones del espacio).

    Phiala Shanahan (26)

    No es necesario ser un veterano de las ciencias para dar con descubrimientos importantes. Por ejemplo, Phiala ya puede decir que a sus 26 años ha contribuido a entender la existencia de la materia oscura y el Modelo Estándar de las partículas. Todo esto, gracias a sus investigaciones sobre la física de los núcleos atómicos.

    Y a pesar de tener menos de 27 primaveras, tiene un currículum que cualquiera se querría: doctora en Física de la Universidad de Adelaide, graduada de física computacional, premio a la Excelencia en Investigación de la South Australian University y obtuvo una medalla dorada por la mejor investigación de doctorado en física de Australia. Ufff.

    Michelle Atallah (26)

    Es candidata a un doctorado en el programa de biología del cáncer en la Universidad de Standford. En su investigación, Michelle se encuentra diseñando algoritmos que permitan identificar mecanismos que permitan a los inmunosupresores atacar directamente a un tumor.

    Además, con solo 26 años, está recolectando información sobre células inmunitarias dentro de tumores, para idear formas de aplicar de mejor manera las intervenciones terapéuticas para combatirlos. Todo esto, gracias a una tecnología llamada Multiplexed Ion Beam Imaging (que permite analizar a más de 100 células simultáneamente).

    No hay edad para la ciencia

    Con todo, la experiencia de estos seis jóvenes nos demuestra que nunca se es tan joven como para poder ser un aporte en el mundo de la ciencia. Es por eso que en Fundación Ciencia Joven trabajamos para acercar este mundo a más personas. Aunque no solo nosotros: también existen otras iniciativas dedicadas a eso, como el Premio L´Oréal Chile – UNESCO For Women In Science.

    Quién sabe, quizás en un par de años más tengamos a un super científico chileno que aún no cumpla los 25 años y haya hecho una contribución a la ciencia a nivel mundial (aunque ya tenemos a un niño de siete años que descubrió al “Chilesaurio diegosuarezi”, nombrado así en honor a Diego Suárez, el pequeño que hizo logró ese hallazgo).

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    Y ahora, ¿Qué hacemos con los datos?

    Hace más de dos meses, Conicyt publicó la “Encuesta de Percepción de las Ciencias”, con el cual entregaba datos relevantes acerca de la cultura científica que existe en Chile, y de cómo son mirados los científicos por más de 7000 encuestados.

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    #DesafioSTEM: El valor de la diversidad en la educación para las ciencias

    Nuestro mundo es un infinito espacio por descubrir. Una enorme golosina para la ciencia y nuestros ojos: ecosistemas variados, pletóricos de formas de vida desde el fondo más profundo de nuestro océano, las alturas andinas más rugosas y saladas, hasta el cielo inmenso que nos deleita con grandes constelaciones. Cada uno de ellos abre gigantescos y diminutos universos para la investigación. Cada uno de esos espacios, cual muñecas rusas perfectamente ensambladas unas con otras, se acumulan preguntas que esperan por alguna inquieta y curiosa científica

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    #DesafíoSTEM: Educación científica desde las políticas públicas

    Muchas veces, cuando abordamos los desafíos de la enseñanza de la ciencia desde el mundo académico, pensamos en las acciones que debemos tomar para no perder los talentos de niñas y niños, con aptitudes para la ciencia, los que por falta de oportunidades no tendrán acceso a una ciencia de calidad y entonces no seguirán una carrera científica.

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    #DesafioSTEM: ¿Cómo creamos una nueva alfabetización científica?

    Existe un cierto consenso a nivel internacional que establece que uno de los principales desafíos de la enseñanza de las ciencias es lograr una adecuada alfabetización científica de los ciudadanos (OCDE, 2009). ¿Qué queremos decir con esto? la enseñanza de las ciencias no debe pretender formar solo futuros científicos, ya que no todos los estudiantes seguirán posteriormente estudios en esa área, pero sí, todos serán ciudadanos que deberán tener opinión sobre temas científicos que los afectan a diario. Pero esto ¿qué implica? Estar alfabetizado científicamente implica poder manejar contenidos científicos, pero también adquirir habilidades y actitudes relacionadas con la ciencia.

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